Viven apocalipsis zombie en Ajusco

nayeli.guzman@eluniversal.com.mx
En tan sólo unos días la “plaga” se extendió por el mundo y fue inevitable que llegara a la ciudad de México. Atacó a niños, mujeres, jóvenes, oficinistas, psicólogos, abogados, ciclistas y estudiantes; en unas horas ya había la mitad de infectados; los sobrevivientes se refugiaron en los bosques que aún quedan en la capital.
Sin nada de provisiones, más que su instinto de supervivencia, 500 individuos llegaron a una zona ecológica del cerro del Ajusco, huyendo de los “muertos vivientes”, pero lo que no sabían era que alrededor de 200 ya los estaban esperando para alimentarse con sus cerebros.
Como si fuera el guión de una película de terror, esta historia hipotética fue la base para la primera carrera con obstáculos denominada “Zombiecausto” o el “Holocausto Zombie”, realizada ayer en un circuito de cuatro kilómetros en el Parque Ecoturístico Tepeyán, en Tlalpan.
Esta competencia organizada por ZombieWalk México, asociación internacional que promueve la tolerancia y respeto, buscó ofrecer una experiencia única a los participantes de vivir en carne propia el apocalipsis zombie.
Desde las 10:00 horas, cientos de capitalinos comenzaron a llegar al parque ecológico y, luego de registrarse, a los sobrevivientes se les dieron instrucciones para participar y cinco listones que representaban una vida cada uno.
Cada media hora salió un grupo de entre 10 y 20 participantes que sortearon diversos obstáculos como troncos tirados, pantanos de vísceras, senderos estrechos y lo principal: zombies hambrientos.
El objetivo era llegar a la meta con al menos una vida, o sea un liston en el cuerpo.
Los participantes que escogieron ser zombies fueron maquillados y después en grupos de cinco o 10 los “soltaron” en puntos ciegos del circuito, se escondieron detrás de los árboles para sorprender a los sobrevivientes y robarles una vida, además de alimentarse de su sangre y órganos.
Fueron pocos los humanos que lograron salir del “infierno” en que se convirtió por unas horas ese bosque.
Alejandro de la Parra fue uno de ellos, pues su preparación física en atletismo durante tres años le ayudó a sortear los obstáculos y sobre todo a la sed de los muertos vivientes.
“No se cómo lo logré, fue una de las experiencias más horripilantes de toda mi vida y no estoy bromeando, salieron por todos lados cuando menos te los esperabas, pero aquí estoy con dos cabezas de zombies y una vida; soy de los pocos que lo logró y me siento muy contento”.
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