La resistencia de los pueblos agrícolas del DF

Aunque ha cambiado el paisaje rural en zonas de Tlalpan, Milpa Alta, Tláhuac y Contreras, prevalecen familias productoras. Investigadores advierten que empresas y partidos políticos, entre otros, se apropian de espacios de siembra
Hay pueblos que aún se resisten y luchan con nuevas técnicas de siembra para recuperar lo perdido
(Foto: Archivo / El Universal)
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Cinthya Sánchez
06 de agosto 2012

La agricultura en el DF tiene varios depredadores. La mancha urbana es su principal amenaza, pues ha llegado hasta zonas tradicionalmente agrícolas, donde hoy un metro cuadrado urbanizado vale 10 veces más que uno rural, el uso de fertilizantes químicos ha contaminado la tierra y enfermado a los productores, la urbanización no ha permitido que las nuevas generaciones se interesen por el campo y se suma un descuido de las autoridades gubernamentales, a pesar de que es una actividad necesaria porque existen más de 10 millones de bocas que alimentar en una ciudad como la de México, donde la agricultura de cercanía debería de ser primordial.

Beatriz Canabal, investigadora de la Universidad Autónoma Metroplitana (UAM) y especialista en trabajos agrícolas en pueblos originarios del DF, dice que a pesar de tener tantas circunstancias negativas hay pueblos que aún se resisten y luchan con nuevas técnicas de siembra para recuperar lo perdido.

Anastasio García y su familia son ejemplo de ello. Se trata de una familia dedicada desde hace unos cuatro años a sembrar de forma hidropónica y orgánica como lo hacen hoy 10% de los productores agrícolas de pueblos de Xochimilco. Este chinampero de 65 años dice que ha tenido que regresar a técnicas ancestrales para recuperar la producción y sanar la tierra.

Cuenta que sus hijos y hermanos han enfermado de cáncer por utilizar fertilizantes químicos durante años en espacios cerrados y pequeños y cómo la tierra también ha enfermado por el uso indiscriminado de técnicas dañinas para la siembra. Es originario del pueblo de Caltongo y sus bisabuelos, abuelos y padres fueron productores agrícolas.

Creció sembrando con un calendario lunar, rigurosamente regaban la siembra a las tres de la mañana, pasados los años, las técnicas heredadas fueron desapareciendo por el uso de pesticidas cada vez más agresivos, la producción en este caso de flores, comenzó a acelerarse y el dinero a llegar a sus manos, “más tarde vinieron las consecuencias, enfermedades y tierra contaminada”, dice.

“Por los años 90 los productores agrícolas de Xochimilco tuvimos un buen auge, la mayoría nos dedicábamos a las flores y combatíamos las plagas de forma rápida y barata, abusamos de la tierra y hoy estamos pagando las consecuencias”, comenta el chinampero.

Dice que pasados los años, las tierras que servían como rurales comenzaron a urbanizarse, “la pobreza acerca a la gente a vivir en la periferia de la ciudad y como no son originarios de estos pueblos sólo vienen a habitarlos no a dedicarse a la siembra como tradicionalmente ha sido en Caltongo”, cuenta.

No sólo Xochimilco ha cambiado, el paisaje rural de las montañas boscosas de Tlalpan, las nopaleras de Milpa Alta, los lagos, canales y ríos de Xochimilco, Tláhuac y Contreras han sido modificados por viviendas e inlcuso han sido transformados por las prácticas agrícolas modernas: las chinampas, anteriormente rodeadas de canales, se encuentran unidas y recurren al riego, los fertilizantes químicos utilizados en ellas han provocado una serie de desajustes orgánicos y existe el problema de la invasión de los canales con lirio acuático.

Pero los chinamperos son creativos, lo han sido siempre, asombraron al mundo con su técnica chinampera donde cultivaban maíz, frijol, calabazas, flores y otros vegetales, en la región lacustre del valle de México, con la construcción de chinampas.

La técnica consistía en ganar terreno al lago, anclando en su fondo un armazón de grandes troncos atados con cuerdas de ixtle que se completaba con entramados de ramas, cañas y troncos más delgados, que posteriormente era cubierto con capas de guijarros, grava y con el tiempo los árboles que plantaban alrededor terminaban de fijar el terreno.

Don Tacho, como le conocen a Anastasio, es prueba de la creatividad agrícola. Hoy siembra lechuga hidropónica, perejil chino, jitomate y fresa orgánica, además de flores, todo con fertilizantes naturales como el cempasúchil o el chile, sin uso de agroquímicos y en una combinación de técnicas ancestrales con conocimientos agrícolas, especialmente europeos.

Su principal mercado sigue siendo Xochimilco y sus productos cuestan 15% más que los que no son orgánicos. “Confío en que en un futuro los productos orgánicos serán más valorados en el mercado y que más chinamperos se sumarán a la tarea de rescatar la tierra que nos fue heredada”, dice.

Beatriz Canabal, investigadora de la UAM, agrega que los pueblos han dejado claro que la agricultura es su vocación y que a pesar de vivir en un contexto duro y en condiciones negativas, sus pueblos y barrios han establecido ciertas formas de resistencia social a algunos de los cambios que le ha impuesto la urbanización, por ejemplo con la ejecución de proyectos como el rescate ecológico propuesto en los años 80.

“Su resistencia se ha visto en conflictos directos con nuevos grupos avecindados que se han apropiado de espacios de manera individual o corporativa, por pertenecer a grupos o partidos políticos del Distrito Federal”, dice.

“Los nuevos avecindados son la personificación de la expansión urbana en zonas rurales, en pueblos y barrios ancestrales, y su presencia ha generado diversos desajustes sociales: incremento demográfico y aumento de la densidad, diversidad en categorías ocupacionales, reacomodo de identidades sociales e incluso nuevas formas de representación frente a las tradicionales de los pueblos y barrios”, relata.

Las formas tradicionales de producción persisten, porque eso es lo que saben hacer sus pobladores, dice, muchas familias basan su economía en la agricultura, además de que la alimentación depende de su producción, “debemos entender que ellos son quienes cumplen con esta acción dentro de la sociedad, es como una cadena y sin ese eslabón la cadena no está completa.

“En segundo lugar, son necesarias como un elemento de identidad en la comunidad mexicana ya que proyecta al exterior la imagen de las chinampas, los canales, las canoas, las trajineras, los invernaderos, las flores, las fiestas religiosas y las imágenes que no se encuentran en ningún otro sitio”, explica Canabal.

Además una ciudad como la de México necesita contar con sus propios espacios para la agriucultura porque es esencial para su sobre vivencia.

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