Cuaresma, para darle gusto al paladar

(Foto: Archivo / El Universal)
El bullicio está a todo lo que da y desde lejos se escucha a los comerciantes ofertando los productos del mar. El olor a pescado fresco se confunde con el del humo de los autos, aceite quemado y empanadas de camarón.
“Pásele güerita, tenemos de todo: calamar, robalo, mojarra; del Golfo, del Pacífico, todo fresco, pásele“, dice Antonio “a grito pelado” para que la gente le haga caso y fije su mirada en los ojos grandes e inertes de las mojarras que vende “a sólo 45 el kilo y bien pesado”.
Es el escenario típico del mercado de pescados y mariscos más grande de América Latina: La Nueva Viga, situado en la delegación Iztapalapa al oriente del Distrito Federal.
Diario, este mercado que ocupa 9.2 hectáreas de territorio recibe, en promedio, mil 500 toneladas de productos del mar, pero en cuaresma la cifra alcanza hasta las dos mil toneladas al día, distribuídas en más de 500 especies, entre productos nacionales y de importación.
La Nueva Viga abre sus puertas desde las 2:30 de la madrugada y cierra aproximadamente al medio día, pero durante la semana mayor puede permanecer abierto hasta que casi se oculte el sol, por ahí de las seis de la tarde si es que la gente ya se acabó.
Los pasillos, enlistados con letras del abecedario siempre están mojados, atiborrados de gente, de hielo, pescados, y bolsas de mandado, marchantas que, minuciosas revisan con mirada de radar cada producto que pretenden comprar.
No falta aquel delicado comprador que, de “puntillas”, se cuida de no ser tocado por un guante, bota, caja o cualquier cosa que le pueda impregnar aquel olor de La Nueva Viga. “Lo único malo de venir aquí es que uno siempre sale oliendo a pescado”, dice una joven mientras lanza un “ash”, tras ser salpicada con agua de color y olor particular.
El bullicio es tal que no se puede pasar “de por sí siempre tenemos gente, pero en esta semana la clientela aumenta, aunque la verdad las ventas han estado bien bajas. La gente tiene miedo de los precios” confiesa Javier Domínguez de la Pescadería El Bebé.
“Yo vendo mojarra, la verdad los precios están bien porque hay mucho producto desde 40 hasta 46 pesos”, dice y recomienda a las amas de casa fijarse en comprar producto de buena calidad “la agalla tiene que estar roja, la carne maciza y la escama bien adherida, los ojos deben estar cristalinos y la calidad del producto se ve y se huele”.
Asegura que los precios no subirán durante Jueves y Viernes Santo y durante sábado y domingo, los costos, por el contrario, bajarán. Sin embargo, el vecino de El Bebé, Carlos, del local de filetes Siordia considera que para los días venideros los precios si aumentarán hasta 50 pesos más.
“A ver a ver, pásele bien”, reclama la señora Angélica, que no está dispuesta a “regalar ni un gramito, pues si de por sí está bien caro todo el pescado”, dice mientras la mirada disimulada del vendedor, busca un trozo de pescado y la convence “ándele, ándele marchantita ahí le va un pilón”. El reclamo cesa, la señora toma su bolsa, agradece y se marcha.
Para María del Carmen, una ama de casa “los precios están disparados, en diciembre el camarón lo encontré en 60 y tantos pesos y ahora de 80 para arriba”.
Ella se anticipó a los días “fuertes”. Su presupuesto era de 600 pesos para mojarras, lo necesario para un caldito de camarón o uno de pescado, que serán el menú de su familia y aunque tendrán que esperar para comérselo hasta el Viernes Santo, fue ayer a abastecerse “porque para esos días los precios subirán aún más”.
Controlan los precios
Aquí hay de todo, mercancía nacional e importada de países como Chile, Nueva Zelanda y Noruega, hay ancas de rana, patas de mula, langostinos, pez Bandera, Carpa y Extraviado, atunes, mejillones, almejas, ostiones en su concha y sin ella, muchos productos más que se podrán encontrar en locales como la pescadería El Galeón o en las 202 bodegas de mayoreo, 55 de menudeo y 165 locales comerciales.
En La Nueva Viga, se implementó un dispositivo de verificación de la Profeco para verificar peso y precio, y aunque cada locatario establece el precio de los productos, éstos se mantienen en un rango promedio.
En un comparativo, EL UNIVERSAL constató que los precios aumentan en otras zonas, aunque 65% de los productos que se distribuyen en el DF salen de La Nueva Viga.
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