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Fotos y video: Crucifixión de Jesús en Iztapalapa

En la 168 representación de la Pasión de Cristo, la demarcación busca que la escenificación se declare Patrimonio Cultural Tangible e Intangible de la Ciudad de México
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En la 168 edición de la representación del viacrucis de Iztapalapa, se cumplió el Evangelio
(Foto/EL UNIVERSAL)
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23 de abril 2011 08:55
Ana Cecilia Méndez
23 de abril 2011
08:55

Los rayos del sol no asustaron a miles de creyentes para asistir a la 168 representación del Viernes Santo, en  Iztapalapa. Fueron casi dos millones de personas las que se reunieron para revivir el Viacrucis de Jesús.

Las primeras horas del Viernes Santos el pueblo iztapalapense se alistó para llevar a cabo, como cada año, su escenificación de la Pasión de Cristo, que será declarada Patrimonio Cultural Tangible e Intangible de la Ciudad de México.

Nazarenos de diferentes lugares del Distrito Federal y de estados de la República se aglutinaban en las calles, entre cruces, túnicas, coronas de espinas, pero sobre todo fe, peticiones y agradecimientos. Ellos fueron los que encabezaron el recorrido.

Jesús, que este año fue encarnado por Gilberto Morales Pedraza, estudiante de psicología de 20 años de edad y oriundo del barrio de la Asunción, comenzó su larga jornada en punto de las 9:00 horas. Recorrió los ocho barrios de Iztapalapa, antes de ser enjuiciado.

Al filo del medio día, en la megaplaza Cuitláhuac, algunas caras lucían agotadas por la espera, otras por la caminata, pero todas con la esperanza de poder llegar al Cerro de la Estrella y ver a Jesús crucificado.

En escenarios colocados en el centro de la explanada principal, pese a los rayos del sol, se escenificó el juicio de Jesús; Poncio Pilatos se lavó las manos, como narra el Evangelio, y dictó sentencia.

El elenco y miles de personas no perdían detalle de la pasión, mientras Jesús era azotado frente a miles de turistas.

Al salir de la explanada, cerca de las 15:00 horas, un grupo de granaderos y una valla de romanos, intentaron abrir paso a Jesús, pues en su espalda ya lucía la cruz de 90 kilos.

Entre empujones y  gritos, actores se aventaban para quitar a los creyentes con fuerza, Jesús logró encaminarse al cerro.

En el trayecto la gente se amontonó en sus casas, azoteas desbordantes de familiares, peleterías y negocios que servían de miradores para ver el camino de Jesús de Nazaret, rodeado por cientos de vírgenes.

 

Las caídas de Jesús y escenas que narra el Evangelio sucedieron en  templetes colocados en la calle Cuauhtémoc y Allende, Cuauhtémoc y Lerdo, Hidalgo y Estrella, Estrella y Ermita Alta, Estrella y en el cerro.

Algunos le gritaban groserías a los que golpeaban al “hijo de Dios”, los menores se espantaban y preferían taparse los ojos. Pero siempre, otros más valientes, resurgían entre la gente cargando cruces y a pesar de las ampollas, continuaban con el camino que se comenzaba a hacer pesado en el ascenso.

A las faldas del Cerro de la Estrella, sucedió otra trifulca entre asistentes y granaderos, quienes se cubrían con su escudo de plástico y empujaban al que se quisiera pasar los bloques de seguridad.

El viacrucis continuó, pese a desmanes de seguridad. En uno de los árbol en el Cerro de la Estrella, Judas lució colgado; pocos lo notaron debido a que la producción fue lenta.

Posteriormente llegó la Virgen María con un semblante amarillo que por momentos parecía desvanecerse por el calor y la falta de agua.

Entre empujones, granaderos, romanos, cámaras fotográficas y gritos, apareció Jesús de Nazaret que con la cruz a cuesta subió, para dar unos pequeños pasos y luego dejarse caer en el suelo.

Muchos pensaron que era un desmayo, pero simplemente fue actuación. En su frente se le notaban algunas gotas de sangre, producto de la corona de espinas.

Ahí la Virgen María le expresó su amor, lo cubrió con su manto negro e intentó reconfortarlo y condenó a los verdugos que estaban a punto de colgarlo. María se levantó, ayudada por romanos que poco a poco la sacaron del tumulto.

Mientras, Jesús fue acostado en la cruz, bañado de sangre artificial y clavado con alcayatas de madera plateadas que dos niños romanos portaban y cuidaban con mucho empeño

En la cruz, miraba al horizonte, las lágrimas le imprimían el dramatismo deseado por aquellos que querían revivir la crucifixión del nazareno.  Pidió agua y le acercaron una esponja clavada en un palo de madera. Todos bajo sus pies, lo observaban atónitos.

 

Luego de 5 minutos, comenzó a hablar y exclamó: “perdónalos señor, no saben lo que hacen”.

El Cerro de la Estrella enmudeció y las lágrimas y sollozos de María estaban más presentes que nunca. El Ángel comenzó a subir por la parte trasera de la cruz mientras Jesús lentamente cerraba los ojos y dejaba caer cada uno de sus dedos. A las 4:10, el Cristo de Iztapalapa ya había muerto.

Una paloma blanca fue liberada y el ángel descendió por la escalera.

 

Con fotos de Juan Boites, Cecilia Méndez y Alma Rodríguez

hmc

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