Hay drogas y disparos, pero es un ambiente que me gusta

(Foto: El Universal)
No pertenece a ningún “combo”, se mueve con un pequeño grupo de amigos con el que comparte el gusto por el reggaetón y la afición de asistir a las fiestas organizadas a través de internet.
Tiene 18 años de edad, pero comenzó a ir a este tipo de reuniones desde que ingresó a la secundaria.
Ha aprendido los códigos y hábitos de un ambiente en el que el sentido de una mirada puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Dice que en las fiestas de reggaetón hay cerveza, drogas, disparos y peleas entre “combos”, pero es un ambiente que le agrada, afirma.
Cuando sale, a sus padres sólo les dice que va a una fiesta, pero no les explica qué es lo que hace en ellas.
Los propios chavos, los líderes de cada “combo”, como se conoce a las bandas formadas por los jóvenes “reggaetoneros”, son los organizadores —dice— de las fiestas que se realizan en casas rentadas.
“Si tú eres el que organiza más fiestas te eligen como líder o por tu carácter, a veces él es quien investiga dónde va haber (fiesta) y se citan en tal lado y todos se juntan en el Metro y se van con él”, explica.
Quienes visten como este joven y gustan de la misma música se reúnen en puntos clave en la ciudad de México: en la estación Chabacano, del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro, están los “Estilo”, en Garibaldi los “Hubakangry”, los “Sicarios” y “Metálicos”.
La convocatoria se lanza a través de las cuentas de Facebook y cuando no hay algún lugar para realizar fiestas, se van al Kaoos, un antro de Ciudad Azteca, en el Estado de México donde se juntan los “reggaetoneros”.
No buscan peleas
Este jovencito ha optado por andar sólo con sus amigos porque dice que formar parte de un “combo” implica pelea: “Si hay pleito todo el grupo tiene que saltar por todos y el líder va siempre delante, el resto va detrás”.
Lo más fuerte que ha visto, cuenta, fue cuando a un chavo lo “picaron” dentro de la fiesta y para evitar problemas con la ley los organizadores lo sacaron a la calle, llamaron una ambulancia para que lo recogiera y la fiesta continuó en el interior.
De la seguridad dice que “a los policías se les ‘paga’ y se retiran, o el mismo DJ (Disc Jockey) o el encargado del lugar conoce a los policías y hace business o contrata a los mismos chavos que conoce y los pone a revisar en la entrada”.
El derecho a la diversión
Su amiga también tiene 18 años de edad y se considera reggaetonera porque le gusta este estilo de música. Ella no asiste a las fiestas porque le asusta lo pesado del ambiente.
Una ocasión hubo disparos. Ella sólo se agachó, pero considera peor las ofensas que hacen los hombres a las mujeres: “Como chava sufres mucho porque te tocan las bubis, las nalgas, si no quieres bailar con ellos te dicen pendeja y si los miras a los ojos te armas pleito”.
Javier Hidalgo, director del Instituto de la Juventud capitalino (Injuve-DF), asegura que casi siempre quienes se encargan de la organización de este tipo de fiestas son personas mayores de edad, que deben ser sancionadas para evitar que pongan en riesgo la vida de los jóvenes que asisten a las fiestas clandestinas.
Explica que los jóvenes de la ciudad tienen derecho a divertirse, pero debe haber una exigencia muy fuerte para los adultos que organizan este tipo de fiestas, ya sean gratuitas o cobradas, “hay que cuidar que los mayores no se escondan detrás de menores”, afirma el funcionario.
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