Corren peligro, pero no tienen a dónde ir

(Foto:EL UNIVERSAL)
monica.archundia@eluniversal.com.mx
Las grietas atraviesan el muro de la accesoria, ya desalojada. Margarita Vargas y su familia colocaron trozos de papel periódico entre la división para evitar que se vea desde la calle al interior de su propiedad.
La habitación de abajo y los cuartos de la parte alta también están cuarteados.
En los marcos de las ventanas se observan hendiduras y en el piso la separación de los muros. Al caminar entre las habitaciones es perceptible la inclinación hacia el frente de la vivienda.
Margarita ha vivido aquí desde que se fundó el pueblo de Santa Cruz Meyehualco, en Iztapalapa. Su casa, situada en la esquina de las calles Guadalupe Victoria y 5 de Mayo, es de las más afectadas de la zona.
En el patio se observan cuarteaduras. La que antes era su recámara tuvo que convertirse en cocina tras afectarse uno de sus muros, pero ahí no se guisa, la estufa está afuera, en el patio, donde es “más seguro”.
Amenaza a la seguridad
En Iztapalapa hay 130 grandes grietas, de las cuales entre 10 y 15% presentan ramificaciones debido a la excesiva extracción de agua del subsuelo y a la composición de la tierra donde se encuentran asentadas entre 14 y 15 mil viviendas, según Julio Millán, director general de Obras de la demarcación.
Sobre la calle Guadalupe Victoria las banquetas lucen separadas de las casas y muestran oquedades, aunque recién fueron colocadas. A la vivienda de Margarita llegó personal de Protección Civil de la delegación; el diagnóstico fue que el inmueble aún es habitable.
Las nietas e hija de esta mujer, de 80 años, muestran temor de que se colapse uno de los muros de la habitación donde duermen. Les han dicho que la única alternativa es solicitar al Instituto de Vivienda de la Ciudad de México (Invi) un préstamo.
Sin recursos, y con sólo uno de los miembros de la familia trabajando, encuentran poco probable cambiar de domicilio porque “no tenemos a dónde irnos”.
Millán dice que alrededor de 70 mil personas viven en las zonas afectadas por las grietas y del total de construcciones dañadas, mil 200 se consideran de riesgo medio y alto porque tienen afectaciones estructurales y 250 de muy alto riesgo.
Desde los límites con Tláhuac hasta Nezahualcóyotl y Los Reyes La Paz, dice, hay una franja que rodea la Sierra de Santa Catarina hay colonias con grietas como Lomas de San Lorenzo, Francisco Villa, Jacarandas, Santa María Aztahuacán y Santa Martha Acatitla.
Jesús Franco no sabe a qué autoridad acudir. Hace nueve meses los muros de su vivienda, en la calle Villa Cidro en la colonia Desarrollo Urbano Quetzalcóatl, se cuartearon y él no encuentra ninguna explicación.
Dice que nadie ha acudido a revisarla, pero que él tampoco la ha reportado porque no saben con quién hacerlo y teme que los vayan a querer mover del lugar que han habitado por 35 años.
Sobre la misma calle, en el número 12, Antonia González muestra la cuarteadura que atraviesa la fachada de su casa, desde la planta baja hasta el primer piso.
Hace 21 años apareció una grieta en sus cuartos, se cayeron y una parte del patio se hundió. Junto con su familia rellenó las oquedades y construyó —dice— de manera provisional porque teme que todo se colapse.
Antonia dice que no tiene a dónde irse y ha preferido permanecer en la misma casa con su familia y sortear el peligro, que se acrecenta con los movimientos telúricos.
Complicaciones
Julio Millán dice que en las casas fracturadas la autoridad puede hacer muy poco, porque son viviendas particulares en las que la ley les impide invertir. “A menos que sea alto el riesgo la delegación puede ayudar”.
Las afectaciones en vía pública se atienden con excavaciones para conocer la profundidad de las grietas y reestructurar con una mezcla hecha por el Centro de Evaluación de Riesgo Geológico de Iztapalapa con material similar al de la zona.
Para captar el agua de lluvia y recargar el acuífero, dice, se han abierto 180 pozos de absorción en la Sierra de Santa Catarina, que inyectan al año alrededor de 20 millones de metros cúbicos, algo así como el agua que consumen en mes y medio los habitantes de la delegación.
Lo más importante, dice el funcionario, es disminuir el nivel de extracción de agua, que tiene una sobre explotación de entre 20 y 30%.
“En los últimos tres años se han invertido más de 200 millones de pesos en la sustitución de la red de agua potable para evitar que el líquido se desperdicie”, afirmó.
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