Cultura |
Árboles poéticos rindieron frutos

(Foto: El Universal)
metropoli@eluniversal.com.mx
Dos menores cargan un poster y mueven las manos para invitar a la gente a que se acerquen a uno de los dos árboles instalados frente al Palacio de Bellas Artes, en el centro de la ciudad.
Quieren que les arranquen todas las hojas, una por una, pero no son troncos naturales los que se quedan desnudos, sino árboles que desprenden poemas de autores mexicanos, desde Sor Juana Inés de la Cruz, hasta José Emilio Pacheco.
Los capitalinos, animados por el gentío que veía las obras de Fernando Botero, se acercaron para escoger al azar la hoja, cuyo mensaje era leído en voz alta, y a veces hasta declamado por jóvenes, mujeres con sus hijos o señores que aprovechaban la tarde del domingo para pasear por el Centro Histórico.
Esta actividad fue organizada por la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), dentro del programa nacional Salas de Lectura, con motivo del Día Mundial del Libro, que se celebra este lunes 23 de abril.
Evangelina Velázquez, una de las encargadas de la actividad “Árboles Poéticos”, señaló que la participación fue “excelente”, debido a que los participantes se mostraron entusiastas ante la invitación de que leyeran.
“En esto de los ‘Árboles Poéticos’ el objetivo es difundir la poesía mexicana, en los árboles cada una de las hojitas tiene diferentes poemas de escritores mexicanos, algunos de escritores contemporáneos”, mencionó Velázquez.
Destacó que la gente, además de conocer los textos literarios, también los compartió con el resto de los participantes.
La jornada formó parte de las celebraciones del Día Mundial del Libro, fecha que coincide con el fallecimiento de los escritores Miguel de Cervantes Saavedra, Inca Garcilaso de la Vega y William Shakespeare, pilares en la literatura universal.
En esta edición, Conaculta rindió homenaje al novelista inglés Charles Dickens, con motivo de los 200 años de su natalicio. En la explanada del Palacio de Bellas Artes, en el centro de la ciudad, también hubo cabinas y salas de lectura, el “flashmob” literario “Dickens Vive”, así como venta de libros en la que participaron 20 editoriales.
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