Del desempleo a ser mujer taxista

(Foto: Karla Mora/EL UNIVERSAL)
Hace 28 años Luz María Ortega Díaz fue despedida de una fábrica, no sabía en qué trabajar, pero siempre ha sido independiente y su esposo, que también buscó prevenir el desempleo, compró un taxi.
Así lograron mantener la economía familiar en un tenor que les permitiera dar educación y sustento a sus dos hijas. El día menos esperado, tomó la unidad y decidió que así dirigiría su trabajo, entre cuatro ruedas y un taxímetro.
Todo le daba tiempo con su nuevo empleo, hacía la comida, atendía a sus hijas, actualmente ya no hace jornadas largas en servicio, pero continúa en la transición que busca integrar a las mujeres en una empresa llamada Mujeres Operarias en Movimiento.
Son casi tres décadas al volante y acepta que aún es raro tener un lugar como taxista, porque se ha topado con personas que hasta la mandan a la cocina para dejar su oficio.
“Una vez, un señor que me vio en el coche, como no lo dejé avanzar, me mandó a cuidar la olla de los frijoles, así me dijo. Ahora ya me da risa, pero en aquél entonces hasta me pregunté ¡qué fue lo que vieron que me dijeron eso?”, comentó.
Fuera de esa experiencia, sus pasajeros le “echan muchas bendiciones”, cada mujer que se ha subido a su vehículo la felicitan porque se sienten completamente seguras.
Como conductora ha escuchado historias de damas que han sido asaltadas por un taxista hombre; sin embargo, ella nunca ha sido víctima de la delincuencia.
La encargada de las finanzas de las Mujeres Operarias en Movimiento, es de las taxistas veteranas por lo que sus compañeras transportistas la ponen como ejemplo por su empeño y dedicación.
hmc
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