"Tenemos ojos por todos lados"

(Foto: Archivo/EL UNIVERSAL)
El silencio de la madrugada se rompió por el rechinido de llantas. Luego, gritos y amagos de disparos. Y Gustavo, o El Canas, sintió que el cuerpo se le llenó de adrenalina y lo único que atinó a hacer fue correr y refugiarse en el lugar más oscuro que encontró en la colonia Casilda, de la delegación Gustavo A. Madero.
El hombre, de 29 años, se tiró al pavimento para esconderse debajo de una camioneta estacionada en la calle. Atrás había dejado a su hermana y esposa en medio de esos hombres armados. No sabía que desde lo alto de una luminaria, un par de ojos vigilaba sus movimientos, evitando que escapara.
“¡Agarren al PR (probable responsable) que huyó, está oculto abajo de la camioneta!”, ordenó una voz desde el Centro de Inteligencia en la sede de la Policía de Investigación (PDI) y a 38 kilómetros de distancia cinco agentes sacaron a punta de pistola a Gustavo, el último de 13 detenidos en un operativo que tomó dos semanas en planearse.
Hasta esa noche, el 30 de agosto de 2011, era líder de la banda “De los 10 pasos”, compuesta por familiares y amigos, quienes en año y medio robaron, secuestraron y violaron a 38 pasajeras de taxis.
“Sin esa vigilancia, se hubiera escapado. Se desarticuló a la banda completamente gracias a que había gente monitoreando el operativo desde el CECO”, señala César Martínez, director general de Inteligencia de la PDI, perteneciente a la Procuraduría General de Justicia del DF (PGJDF).
Apodado por po licías como “el CSI del DF” (por el programa de televisión), el CECO (Centro de Control y Comando) es el brazo derecho de la Procuraduría local para atrapar a delincuentes de alto impacto: en ese lugar se refleja la mirada de las 13 mil cámaras que vigilan discretamente la ciudad de México.
Sus alcances son tantos que desde sus instalaciones, en la colonia Doctores, 60 agentes pueden seguirle el rastro a cualquiera, a pie o manejando, que luzca sospechoso o sea investigado por delito.
“Tenemos acercamientos a rostros, placas, vehículos y esto nos ayuda a hacer vigilancias en vivo en las zonas donde operan los sujetos”, dice Martínez.
El corazón del CECO son 14 pantallas de plasma instaladas en la sala principal, donde el gabinete de seguridad del Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, vigila en tiempo real la capital y los cerca de 20 operativos encubiertos que diariamente hacen policías vestidos de civiles.
Además, se monitorean en vivo las cámaras de 501 patrullas de la PDI, los videos al interior de cientos de sucursales bancarias y otros sistemas de videovigilancia en el Distrito Federal.
“¿Es como un Big Brother?”, se le pregunta a Martínez y niega con la cabeza. El CECO, asegura, es más que eso.
“Analizamos información de investigaciones que hacen los integrantes de la Policía de Investigación. Se registra en un sistema informático que permite saber análisis delictivos, modus operandi, características de sujetos, tipo de armas que utilizan, horarios y zonas específicas donde se cometen los delitos.
“Se hace un producto de inteligencia para la elaboración de los operativos encubiertos que se están llevando a cabo para poder detener a probables responsables de hechos delictivos”, comenta.
Casi nada escapa a la mirada del CECO, ni siquiera las imágenes que captan las patrullas tipo Tsuru de la PDI que recorren la ciudad sin distintivo policiaco.
Las arterias de ese corazón alcanzan otras áreas de investigación: inteligencia cibernética, inteligencia de imágenes, mandamientos judiciales, robo de vehículos y asuntos internos, entre otras.
“No hay ciudad en el país, tal vez en el mundo, que esté más vigilada que el Distrito Federal. Tenemos ojos por todos lados”, asegura Martínez, quien fija la mirada las paredes del centro: en las 14 pantallas está la imagen congelada de El Canas tirándose pechotierra y esperando escapar. “No tenía escapatoria. Lo teníamos checado desde hace dos semanas”, remata el agente y sonríe ante la silueta desesperada de aquel violador serial.
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