HISTORIA "El Chalequero", primer asesino serial de México

Atacaba a mujeres de la época del porfiriato; una enfermedad lo libró de la pena de muerte
(Foto: Especial/EL UNIVERSAL)
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Ricardo Ham
13:30
13 de abril 2014

(Foto: Especial/EL UNIVERSAL)

Francisco Guerrero no entiende muy bien lo que ocurre, sólo sabe que necesita hacerlo una y otra vez, odia sentirse rechazado, odia que las mujeres para él no valen nada, huyan de su encuentro, por eso las golpea, las posee como un perro salvaje hace con su presa; las corta, hunde su navaja hasta que la sangre cubre sus manos y su puño alza la cabeza de la mujer en turno. Mira directo a los ojos a la muerte y olfatea su aroma fresco. Pero matarlas no es suficiente, necesita humillarlas aún más, Francisco cree que ellas no merecen otra cosa.

En un momento de claridad, Francisco piensa en ocultar su obra, por unos segundos siente temor de ser sorprendido, no teme a la policía de Don Porfirio Díaz, su preocupación está centrada en la posibilidad de volver a hacerlo, pero ¿cómo esconder en 1888 el cuerpo de una mujer sin cabeza? Quizás, piensa Francisco, arrojarla a las orillas de la ciudad sea una buena opción, Río Consulado es la zona perfecta para deshacerse de su travesura.

La operación se repitió una y otra vez, ni el mismo Francisco supo cuántas veces, algunos dicen que 12 ocasiones, otros que fueron 11 en 1888 y una más en 1908, justo después de que el General Díaz conmutó su pena de muerte y lo dejó en libertad, pero Francisco Guerrero no supo valorar y arruinó al asesinar a una víctima más.

Lo anterior dio origen a la leyenda de Francisco Guerrero, mejor conocido como “El Chalequero”, primer asesino en serie registrado en la historia de la nota roja nacional, y probablemente el primero en todo el continente de habla hispana.

El mote de “El Chalequero” se origina debido a su peculiar vestimenta de pantalones estrechos, fajas multicolores y chalecos con agujetas o chaquetas charras; cometió más de 15 crímenes violentos contra mujeres que trabajaban como prostitutas en las calles de la ciudad de México. Sexoservidoras que históricamente han sido el blanco perfecto para tratantes, proxenetas, psicópatas, sádicos y homicidas seriales.

El modus operandi de Guerrero era sencillo, caminaba por las calles del centro de la ciudad donde abordaba a mujeres de mala reputación y les proponía sin más rodeos un encuentro sexual, posteriormente, dependiendo de la disposición de cada víctima para satisfacer los deseos del homicida; Guerrero saciaba su libido y sus ansías de matar; violaba varias veces, apuñalaba hasta la extenuación y degollaba salvajemente a sus víctimas, tiraba sin recato sus restos en los alrededores de Río Consulado donde nunca encontrarían el descanso eterno.

A diferencia de otros criminales históricos, “El Chalequero” jamás trató de ocultar su verdadera identidad, sus homicidios era conocidos por todas las prostitutas de la zona pero ninguna fue capaz de denunciarlo o entregarlo a la policía debido al temor de posibles represalias en su contra.

El 13 de junio de 1888, tras varios años de burlar a la justicia y mientras en Londres Jack El Destripador conmocionaba al mundo; Francisco Guerrero fue finalmente arrestado y condenado a muerte en la ciudad de México, sin embargo el caritativo Presidente Díaz cambió la sentencia a sólo 20 años en la prisión de San Juan de Ulúa, quedando en libertad en 1904.

Francisco Guerrero fue nuevamente arrestado el 13 de junio 1908, exactamente 20 años después de la primera aprehensión, Guerrero fue incapaz de contener la necesidad de excitación necrófila y cometió un nuevo homicidio; a pesar del tiempo transcurrido la fantasía siguió siendo la misma, el encuentro imprevisto y la invitación sexual se repitieron, esta vez una anciana fue la víctima ideal, probablemente las fuerzas de Guerrero ya no daban para someter a las jóvenes prostitutas del centro que con toda seguridad habían escuchado de sus hazañas a menos de un lustro de haber pasado.

“El Chalequero”, no pudo pedir clemencia, tropezó con la misma piedra, piedra que esta vez lo encadenó al encierro, Francisco fue sentenciado a muerte en septiembre de 1908, pero falleció en el Hospital Juárez dos años después, en el revolucionario año de 1910 no sólo la dictadura vio el final de su historia; Francisco Guerrero murió mientras esperaba su ejecución, una congestión cerebral que le causó hemiplejia se adelantó al verdugo.

In Memorian M.A.R.

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
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