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El anillo se va... y llegan los "Reyes"

(Foto: Alma Rodríguez / El Universal)
Un anillo de oro por tres juguetes. En cualquier otra época del año, le hubiera dolido desprenderse de su argolla de matrimonio, pero a unas horas del 6 de enero es la única alternativa que le queda a Guadalupe.
Así que sale de su casa en Coyoacán y se enfila a la matriz de Nacional Monte de Piedad, donde recibe menos de 2 mil pesos por su joya, con los que ayudará a los Reyes Magos a que consigan tres juegos de mesa para David, de 9 años.
No es el primer año que empeña, pero cada enero parece más difícil ayudarle a los Reyes Magos, quienes en esta ocasión se enfrentan a una lista de pedidos que supera los 800 pesos por juguete.
Sin embargo, Guadalupe luce contenta y apresura el paso.
Junto con ella, miles forman una marea que inunda las calles Correo Mayor, Del Carmen, Girón y República de Colombia.
Van detrás de unas muñecas que parecen vampiros, los coches de la película de moda, el último videojuego y una AK-47 que, en lugar de balas, tira dardos y luces de colores. “¡Como la de los narcos!”, grita un niño que, al verla, cambia intempestivamente su pliego de juguetes, ante la sorpresa de sus papás.
Apenas se puede pasar. Sólo el grito “¡Va el diablo!” obra el milagro de abrir el mar de personas, a quienes les doblan los tobillos, pero no la voluntad de conseguir el mejor precio. “¿Ya es lo menos, joven?”, “si me llevo otro, ¿cuánto es de descuento?”, “¿y con ganas de vender en cuánto lo dejas?”, regatean.
A los asistentes de Melchor, Gaspar y Baltasar les ayudan Raúl y sus dos hermanos, de apellido Reyes quienes tienen el puesto más grande de República de Colombia. Sus estructuras de cuatro metros de alto son una isla en un mar de tecnología: venden juegos de té, de belleza, cocinitas y muñecas que no requieren baterías. Pese a todo,dicen que desde hace siete años es de los puestos más rentables de su calle.
En camellos de cuatro ruedas o a pie, los asistentes del Lejano Oriente van preguntando, equilibrando enormes bolsas negras, desechando juguetes con la vista y contando cada peso para comprar seis regalos, en lugar de cinco.
Todo sea para hacer más fácil la tarea a los Santos Reyes de que ningún niño bien portado se quede sin regalo. A ese esfuerzo se han sumado 17 burócratas anónimos que de día trabajan en el Servicio Postal Mexicano y que, de noche, ayudan a los Reyes Magos a contestar las cartas de los niños.
Comandados por Raúl Carbajal, gerente de Emisiones Filatélicas, desde diciembre se han concentrado en que, cada carta que los niños mandan desde el Palacio de Correos, tenga una respuesta que llegue hasta las puertas de su casa.
“Los niños dejan sus direcciones en el sobre que mandan y ahí es donde les llega una respuesta personalizada de los Reyes Magos.
“Nosotros contestamos las cartas como nos lo piden los Reyes: que se porten bien, que mejoren sus calificaciones, que hagan la tarea, que obedezcan. Somos los mensajeros, es una tarea muy noble”, dice Raúl. Sólo para esta temporada, 17 ayudantes tendrán que contestar entre 7 y 12 mil cartas, en la que piden de todo: desde celulares y consolas de videojuegos hasta paz para sus familias.
Con esa esperanza llegó ayer Josué, un niño de 9 años que perdió su carta a los Reyes Magos en alguna estación de la Línea 7 del Metro, mientras viajaba rumbo al Palacio Postal, donde enviaría por correspondencia su lista.
Desesperado, con ayuda de su mamá, buscó en el tren hasta debajo de los asientos, sin éxito.
Lloró todo el camino hasta la esquina de Eje Central y Tacuba, donde rehizo su carta y la depositó en un buzón. “¡Ay, yo sentía que me moría! Pensaba: ojalá no le vaya a cambiar los regalos a los Reyes porque entonces no le van a tocar los que quiere”, cuenta su mamá, quien al final respiró tranquila al ver que Josué recordó cada juguete y sólo agregó un deseo: unos zapatos para su perrito.
Ambos salen de Palacio Postal y se adentran en el metro Bellas Artes, que parece engullir regalos y ayudantes, quienes regresan exhaustos y contentos a casa.
Dejan en el camino sus propios sacrificios para ayudarles a Melchor, Gaspar y Baltasar a cumplir la promesa de cada 6 de enero.
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