'Mi sacrificio era prostituirme'

Sophie Hayes relata el horror que vivió al caer en manos de su novio, quien la prostituyó. Pide no callarse
(Foto:ALMA RODRIGUEZ AYALA /ELUNIVERSAL)
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Víctor Adrián Espinosa
10:54
29 de enero 2013

metropoli@eluniversal.com.mx

Sophie Hayes no es de las que se rinden. Esta joven inglesa no se derrumbó cuando fue forzada por su novio a prostituirse en Italia. Tenía 23 años cuando juntos viajaron a ese país de vacaciones. Pero una vez que estuvo ahí, el joven albanés, conocido sólo como Kas, la forzó a tener sexo hasta con 30 hombres por noche.

Su lucha contra la trata de personas la ha llevado a trabajar con la directora de la agrupación Stop The Traffic, Cherie Blair, abogada en derechos humanos y ex esposa del primer ministro del Reino Unido, Tony Blair; la Policía Metropolitana de Londres; el Vaticano; la Organización de las Naciones Unidas, y con la presidenta de Unidos contra la Trata de Personas en México, Rosi Orozco.

Siete años después de su rescate, en entrevista exclusiva para EL UNIVERSAL, rememora su experiencia para sensibilizar sobre las consecuencias de la esclavitud el siglo XXI.

El primer contacto

Sophie contiene la respiración ante la grabadora. Poco antes de las 15:00 horas, rompe el silencio con una confesión: “Era la única persona en la que confiaba. Un buen amigo, siempre me escuchaba. Nunca lo sospeché”.

La desconfianza que le tenía a los hombres comenzó con su padre. Abuso mental, emocional e incluso físico eran la única forma de atención que de él recibía. Cuando su madre obtuvo el divorcio, recuerda la joven, con los ojos enrojecidos, llorosos, se juró a sí misma que nunca más confiaría en otro hombre. Entonces conoció a Kas.

Tuvo el primer contacto con él en un club nocturno de la ciudad inglesa de Leeds. Le dijo tener 24 años y ser diseñador web. Su relación creció, incluso pasaron vacaciones juntos al sur de Francia. Luego Kas se mudó al norte de Italia, cerca de Milán, pero ambos mantuvieron contacto vía telefónica. En una de esas llamadas, Kas la invitó a pasar algunos días en Italia; Sophie aceptó.

“Mi sacrificio era prostituirme”

La joven, quien trabajaba como vendedora en un almacén, asegura que durante los primeros tres días lo llegó a ver como su novio. “Pero al cuarto día, él cambió. Su rostro se volvió agresivo. Tenía miedo de insultarlo, desobedecerlo; sólo escuchaba”, dice antes de respirar profundo. Esa noche le confesó que en realidad era un traficante de drogas con un pasaporte falso y que debía más de 100 mil euros.

“Me advirtió que tenía que sacrificarme por él. Mi sacrificio era prostituirme para pagar sus deudas”, recuerda Sophie, impaciente. “Imaginé que podía regresar a casa. Pero no, esa ya no era una opción”. Kas tomó su pasaporte y la amenazó con matarla a ella y a su familia, si se le ocurría llamar a la policía.

Esa misma noche, la obligó a comunicarse con Melanie, su madre, para decirle que se quedaría con él. La señora le dijo que si estaba en problemas, le preguntara por la “Tía Linda”. Ese sería su código para pedir ayuda. La noche siguiente, la joven tuvo que vestirse con botas altas, abrigo y un minivestido negro. Su novio la obligó a bajar del auto en una esquina, donde otra joven italiana que también trabajaba para él le dijo qué hacer. Azotaba un invierno bajo los cero grados.

Sophie no hablaba italiano, pero aprendió algunas palabras para cobrar y poner un alto. Eran 15 minutos con cada hombre, que rondaban entre los 20 y 60 años. “Mi cuerpo estaba ahí; yo no. Temblaba de miedo y a los clientes no les importaba”, recuerda serena.

Pero ella le temía mucho más a Kas. Él le rompió la espalda y la llevó a un lago para amenazarla con ahogarla si lo delataba. En público, la hacía cubrirse los moretones con pañuelos. Y una vez por semana la obligaba a llamarle a su madre para decirle que todo estaba bien.

Su madre la rescató

Sophie relata cómo su salud se deterioraba. Seis meses después, tuvo neumonía y dolores intensos en el estómago. Fue al hospital cuando Kas se rehusó a ayudarla, desde ahí telefoneó a su madre y, con una voz temblorosa, le preguntó por “Tía Linda”. Melanie viajó a Italia.

Kas quería llevársela del hospital, pero aceptó que su madre la trasladara al Reino Unido. La señora supo la verdadera identidad del sujeto hasta que aterrizaron en su país.

La joven contactó con Robin, un policía que trabajaba contra la trata de personas en Londres. Cuando se le pidió que testificara contra el tratante, ella se negó a enfrentarlo por pánico. Sin embargo, Kas fue ligado con un tiroteo en Leeds.

“No lo denuncié en Italia porque los abogados, policías, incluso doctores de la ciudad donde estuve fueron mis clientes. En mi país había poco por hacer porque el delito ocurrió en el extranjero, dijeron las autoridades”, señala Sophie. En vez de eso, solicitó apoyo a la ONG inglesa Stop The Traffic.

Pero durante ese tiempo, a donde quiera que volteaba lo veía. Creía que él no se rendiría en encontrarla. Y estaba en lo correcto. Mientras la joven estaba de compras en Leeds, sintió una mano tibia que presionaba su hombro: era él.

Fueron a un café cercano donde el joven se mostró confiado de que ella podría seguir prostituyéndose en Inglaterra.

Ahí la amenazó con romperle todos los huesos si se negaba. Ella le dijo que sí; sabía que era la oportunidad para que la policía lo detuviera.

Dos días después, Kas fue arrestado por el tiroteo Leeds y deportado a Albania tras estar ocho meses en prisión.

“La esclavitud sigue presente”

Sophie dice que nunca perdió la esperanza. Todos sus esfuerzos se centran ahora en su organización contra la trata de personas, The Sophie Hayes Foundation. Viajó al DF para estrechar lazos con víctimas y activistas contra este delito.

“De ser una víctima se ha convertido en una activista internacional que le da voz a quienes no la tienen. Es un ejemplo de cómo convertir ese dolor en algo propositivo, en algo que edifique, que construya y que acabe con la esclavitud en nuestros países”, señaló la ex diputada federal, Rosi Orozco, entrevistada durante una reunión con la joven inglesa.

“Muchos creen que la esclavitud fue abolida, pero sigue entre nosotros. México es uno de estos casos. Estoy aquí porque confío en que las víctimas podemos usar nuestras voces, nuestras historias, para impulsar a los gobiernos de todo el mundo a combatir esta problemática”, afirma la joven que en enero de 2012 publicó su libro autobiográfico Trafficked. “Todos saben sobre armas, drogas, pero pocos saben qué es el tráfico humano”, lamenta.

Cree que poco a poco la mentalidad cambiará, aunque reconoce que es un reto difícil. Pero Sophie ya ha superado otros.

Las cifras

Los últimos datos proporcionados por la Procuraduría de Justicia capitalina, señalan que de enero de 2008 a septiembre de 2012 fueron rescatadas 323 personas víctimas de este delito en el DF; 196 por trata con fines de explotación sexual; también consignó a 171 probables responsables y desarticuló 28 grupos delictivos dedicados a esta actividad.

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