Asfalto y contaminación crean un horno en el DF

(Foto:Archivo/EL UNIVERSAL)
rafael.montes@eluniversal.com.mx
Es un calor quemante, dice Silvia Juárez, quien por motivos laborales va de aquí para allá en la ciudad. Recorre áreas con o sin sombra. Se mueve por el cuadriculado que forman las calles de la capital, entre multitudes, edificios, vialidades, puentes vehiculares, congestionamientos viales y pitazos de los que llevan prisa, pero no se bajan del auto. Caos más calor.
"Y el calor llega por todos lados", dice la joven al describir las altas temperaturas en el DF, donde es común ver gente bajo marquesinas, con sombrillas, sombreros o algo que las cubra del sol y les ayude a soportar los 26 grados centígrados que en promedio se han sentido esta semana.
De acuerdo con el Sistema de Monitoreo Atmosférico del gobierno de la ciudad, las temperaturas de 2012 son inferiores a las del año pasado; en abril, según el último reporte, se llegó a los 24.6 grados, mientras que en 2011, se registraron 27.9 grados como nivel máximo ese mismo mes.
Pero Silvia hace una aclaración, pues asegura que no es lo mismo el calor del campo que de la ciudad; "la diferencia es que en provincia el calorcito está en el ambiente y lo sientes, pero no que te quema; en cambio, en la ciudad, te quema, va directo a la piel, no es aire caliente, es la luz la que quema".
Una isla hirviente
El DF, como las grandes urbes del mundo, se ha convertido en un fragmento gris, una isla de concreto y asfalto, entre edificios y vialidades, una "isla de calor", fenómeno que se caracteriza por la diferencia marcada de mayores temperaturas, detalla la maestra Elda Luyando, del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.
La especialista agrega que "la presencia de edificios y calles, que crean un escenario que se conoce como cañones urbanos, dificulta la pérdida de calor y modifica el movimiento del aire en superficie. El campo, en cambio, se enfría a gran velocidad".
Expertos afirman que en los últimos 100 años, con el proceso de urbanización, la temperatura se ha incrementado 4 grados en el centro del país, de los cuales dos grados son de la década de los 70 a la fecha.
"Eso es demasiado", dice el doctor Jerónimo Reyes, investigador del Jardín Botánico de la UNAM. "Si un grado de más es sofocante, cuatro es mucho". Por ejemplo, dice, "en las playas un incremento de 0.1 grados ocasiona huracanes, en la ciudad eso es muchísimo, lo que genera un clima casi tropical en el centro del DF".
Así, el asfalto, aunado a los gases que emiten cuatro millones de automóviles y la falta de áreas verdes que contrarresten las variaciones térmicas, convierten al DF en un horno.
En el área urbana sólo 9% de su superficie son espacios abiertos y áreas verdes. Según la Secretaría de Medio Ambiente del DF, en su Agenda Ambiental para el actual sexenio, en la ciudad sólo hay entre 5.2 y 5.4 metros cuadrados de área verde por habitante, cuando lo recomendable, según estándares internacionales, es de 9 a 16 metros cuadrados.
Óscar Vázquez, director del programa de Cambio Climático y Proyectos MDL (Mecanismos de Desarrollo Limpio) de la Secretaría de Medio Ambiente, dice que la "isla de calor" es común en grandes ciudades.
"Este año, el calor se asocia también con la sequía que está azotando al norte del país y el retraso en la temporada de lluvias en la capital, pero seguramente esta sensación de mucho calor que vivimos los capitalinos, se apaciguará en cuanto empiece a llover", dice el especialista.
Más árboles, menos calor
El calor que se acumula durante el día, pero por la noche no se libera rápidamente, lo que ocasiona incomodidad y propicia que el descanso sea inadecuado, dice Luyando.
Ante ello, los especialistas recomiendan aumentar las áreas verdes; sin embargo, en los últimos 70 años no se ha incrementado la extensión de zonas arboladas, reconoce la Secretaría de Medio Ambiente del DF.
Jerónimo Reyes opina que la sociedad tiene que aprender a cuidar árboles; unos 20 por persona, mínimo, de entre 10 y 15 metros, para compensar el calor que generamos con el uso de aparatos eléctricos y automóviles.
Daña cambio climático al Nevado
Crecen pinos a una altura donde antes, por la nieve, era imposible
Ma. Teresa Montaño Corresponsal
maria.montano@elunviersal.com.mx
TOLUCA, Méx.- Científicos de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) detectaron una nueva evidencia del cambio climático, luego de que en los bosques de alta montaña del Nevado de Toluca y el parque Iztaccíhuatl- Popocatépetl se encontraron brotes de pinos por arriba de la cuota de los 4 mil metros de altura, donde hasta hace algunos años las nieves perpetuas impedían la reproducción de esta especie.
El investigador, Carlos Arriaga Jordán, señaló que este descubrimiento "es revelador", pues evidencia claramente que el calentamiento global no es una teoría y sus efectos en la atmósfera y los ecosistemas podrían ser de alto impacto en pocos años, toda vez que las nieves en los volcanes suministran agua a la Zona Metropolitana del Valle de México y al valle de Toluca.
Mencionó que los estudios realizados y confirmados en cambio, revelaron que tanto en la cumbre del Xinantécatl como en los otros dos volcanes, se encontró el mismo fenómeno, de avance de la frontera de los bosques, hacía las cumbres donde era imposible su sobrevivencia debido a las congelantes temperaturas la mayor parte del tiempo ya la altitud.
Por su parte, Rolando Endara, especialista en bosques de alta montaña, dijo que el estudio encabezado por él, permitió determinar que este fenómeno es resultado directo del calentamiento global y sus efectos en la zona metropolitana.
El investigador perteneciente al Instituto de Ciencias Agropecuarias y Rurales (ICAR) de dijo que el estudio se realizó en ambos sitios por ser áreas naturales protegidas y por la importancia que tienen en términos de biodiversidad.
Detalló que el estudio incluyó, entre otras cosas, un análisis temporal comparativo en dos períodos, utilizando imágenes de satélite, con el propósito de obtener evidencias del cambio climático de uso de suelo y cambio de ocupación en estos bosques mexiquenses; para lo cual se consideraron variables como la estructura, regeneración y sanidad.
"Otro estudio realizado en campo permitió obtener evidencia sobre el establecimiento de nuevas marcas de regeneración, por encima de los rangos de distribución altitudinal del pino, es decir, se localizaron renuevos de entre 10 y 15 años de edad a los cuatro mil 400 metros sobre el nivel del mar, cuando esta especie nunca había rebasado los tres mil metros", dijo.
Mencionó que lo anterior revela una estrecha relación con el incremento de temperatura en las últimas décadas y sugiere que el cambio climático global está incrementando la distribución altitudinal del pino, como respuesta adaptativa de la especie.
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